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El chata (2018) ★★★1/2

El Chata es otro gran paso hacia crear una identidad y estandarte en el cine puertorriqueño. Quizás no sea una victoria por K.O. pero muestra la suficiente habilidad narrativa por parte de los cineastas envueltos en ella, y hasta cierto punto agallas, como para ganar el favor del espectador por decisión dividida en un combate a 12 asaltos.

Su historia trata sobre Samuel, un ex-convicto y ex-prospecto del boxeo, quien, tras años detrás de las rejas, regresa a su barrio para estar con su familia. No hay nada tan duro como la vida e intentar integrarse a la libre comunidad mientras busca el dinero para irse de la isla y “empezar de nuevo” resulta un reto descomunal para este hombre lleno de conflictos.

De manera superficial esta historia podría parece ser la típica trama melodramático con toque criminal que ya uno sabe exactamente cómo se va a desarrollar desde su comienzo, pero El Chata presenta con elegancia una historia y personajes que tienen más que ofrecer que lo acostumbrado.

Su trama funciona cuando se concentra en el drama familiar. Es una dinámica compleja y tensa entre los personajes, pero a su vez se refleja el deseo por mejorar y “salir del hoyo”. También los personajes secundarios como el entrenador y los amigos de Samuel brillan al salirse del estereotipos y mostrarse más complejos de lo que uno espera al verlos en sus primeras escenas.

Lamentablemente la duración de 75 minutos de esta producción no permite que uno disfrute lo suficiente de estos personajes. Si hicieran una versión extendida o director’s cut la vería con gusto porque siento que hay más historia y desarrollo de personajes que el presentado en pantalla.

La fotografía enamora cuando evoca los paisajes de Puerto Rico. Las locaciones y el sonido natural y urbano son personajes secundarios que le dan vida y color a esta historia.

Con toda franquesa puedo decir que amé 2/3 partes de su trama. Durante la mayor parte de su duración, pensaba que estaba viendo a la campeona definitiva del cine boriqua, pero algo pasó en el último acto, y cuando digo “algo” es literal porque ocurre más porque estaba escrito en el papel y no tanto porque fuera parte del flujo natural de la historia.

Estoy bien claro de cuál fue este aspecto que me desencantó; la forzada rivalidad entre el personaje de Samuel “El Chata” y el prospecto Victor “La Máquina”. Sí, cuando Samuel sale de la carcel su hijo admira a Victor; y sí, esto puede funcionar para que de parte de Samuel haya un deseo de derrotar a Victor, pero la historia nunca se enfoca en eso. Duante 2/3 es sobre la interacción de Samuel con su familia, amigos y el barrio. Pero llegó el último acto (y esto es el “algo” que pasó) y la historia se decide enfocar en una rivalidad sin méritos.

El personaje de Victor tiene una escena preguntándole al entrenador Joe (interpretado magistralmente por Carlos Miranda) si es mejor que Samuel y este le dice que no. ¿Es en serio? ¿ESO ES TODO? No hay el desarrollo suficiente en esta rivalidad para comprarla, y mucho menos hay el suficiente desarrollo para el personaje de Victor como para que este enfrentamiento tenga un peso real o cavida en la historia.

Todos los elementos que te sumergen en la trama en su comienzo son forzados a cerrar de manera abrupta en el último acto, y no de una manera sorpresiva, sino más bien un “¿ya, eso es todo?”.

Entiendo el final, y, aunque bien versado en su mensaje, narrativamente no tuvo el impacto que esperaba tras ver los primeros dos actos. Es una conclusión adecuado, más un tanto vacia. La emoción está ahí, pero se siente ahogado un los últimos minutos y no brinda una verdadera oportunidad a los personajes de cerrar sus arcos de manera contundente.

Apoyo a los filmes locales, y adoró ver cómo se sigue elevando la calidad de nuestras películas. Pero no voy a ignorar los defectos evidentes que tiene una película por el mero hecho de ser de mi patria. En el barrio a eso se le llama ser un lambón, y si bien nuestro apoyo siempre va a estar para nuestra gente, la mejor manera de aportar al desarrollo del cine puertorriqueño es con críticas justas que no solo mencionen lo bueno sino lo malo.

Ojo, no me mal interpreten, El Chata es un buen filme, y como escribí al comienzo de la reseña, es un paso hacia el progreso del cine boricua, pero no voy a caer en ese grupo de “críticos” que sólo escriben lo bueno por quedar bien.

En fin, vi dos veces El Chata, primero en la primer y luego en su estreno pagué por la taquilla  y no me arrepiento de hacerlo porque entre virtudes y defecto es cine bien hecho. En momentos te deja sin aliento, pero el débil cierre de su acto final le quita mucho a lo que en general es una buena película, que pudo ser excelente.

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