Crítica | PI (1998) ★★★1/2

“Pi” es el primer largometraje del director americano Darren Aronofsky, mismo que le hizo ganar el premio al mejor director en el Sundance Film Festival, el Independent Spirit Award por mejor libreto y el Gotham Open Palm Award. Este filme de misterio surrealista trata sobre un matemático antisocial y paranoico, quien teoriza que toda la naturaleza puede ser entendida mediante números y por ende la misma tiene que tener un patrón que se pueda identificar, o predecir, cosa que lo lleva a hacer predicciones de la bolsa de valores en base a los cálculos de su computadora. Es de aquí cuando la película entrelaza todo tipo de cosas, incluyendo religión, corrupción, los avances tecnológicos y hacia donde se dirigen, y sobre todo, el tema que se ve recurrentemente en otros trabajos de Aronofsky, la autodestrucción por la obsesión de un ideal.

Además de hacerme pensar en una versión realista de “The Matrix” (1999) tengo que decir que el filme es uno intenso y bien conceptualizado, tanto detrás de cámaras como frente a ellas. Lo cual dice mucho de una película que en esencia trata sobre números.

La ejecución del libreto, también hecho por Aronofsky, es espectacular y con mucha visión. La trama, si bien es complicada a la hora de analizarla, es una accesible para aquel que esté dispuesto a prestarle atención, aunque definitivamente hay que verlo al menos dos veces para apreciarlo bien. Sin embargo, creo que todos los diálogos son claros y a su vez brillante. Aquí se presenta un buen balance entre no hacer algo sobrecomplicado y a la vez tratar a la audiencia con el respeto que se merece sin sobre explicar los conceptos de la historia. “Hablando del rey de Roma”, la historia es sumamente original y tiene muchas cosas que decir.

“Pi” es una película te mantiene pensando después de verlo, y eso nunca está mal. La conceptualización de hacerlo en blanco y negro y transparencia/filmica le dan un toque estilizado, clásico, pero a la vez con una buena calidad de imagen. En cuanto a la cinematografía fue muy buena. En algunos momentos demasiado movida/shaky para mi gusto, pero en general hace el trabajo de meterte en la historia y en la mente del personaje principal, Max.

Las actuaciones todas cumplen su propósito, pero si bien estas son buenas es el casting lo que me encantó. Los actores representan los estereotipos que están supuestos a encarnar sin necesidad de decir una palabra. Si a eso le añadimos que ejecutan bien su trabajo y que el libreto es excelente, tenemos ya medio camino (en cuanto a calidad se refiere) del filme en el bolsillo.

La edición junto a la cinematografía son parte esenciales para contar la historia que en general se desarrolla con un buen ritmo, quizás un poco lento para algunos. La la edición afecta positivamente el desarrolla de la trama.

La relación/conexión que se logra entre el público y la historia es brillante, sobre todo teniendo en cuenta el material tan peculiar que trabaja. No imagino que haya una forma mucho mejor de hacerlo, así que puntos por eso.

La música es tensa, con un elemento electrónico drum & bass estrambótica que está perfecto con el tono y estilo del narrativa, sobre todo en los momentos de psicosis.

Con un presupuesto de $60,000 la película no fue solo exitoso en la crítica, sino que se logró hacer de más de tres millones en la taquilla así que también fue exitoso entre el público. Esto es por todas las buenas razones que he dicho a lo largo de esta reseña, así que en hora buena.

Un libreto inteligente y accesible que te hará pensar mucho sobre sus temas discutidos. No dudo que la mayoría quiera verlo más de una vez. Cuenta con una historia original, una dirección, una cinematografía inusual, pero bien elaborada y adecuada para el material, y un elenco perfecto. En fin, un filme que utiliza todos los elementos que tiene a su favor para llevarnos una gran e intensa experiencia audio visual que recomiendo a todo aquel que se haga llamar cinéfilo.


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